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30 mayo, 2024
EditorialOpinión

Una Universidad dentro de la realidad social

Los noticiarios han vuelto a informar esta semana como la tragedia siria está lejos de llegar a su final. En la costa de Cesme, en la provincia occidental turca de Izmir, una patera chocaba con un barco patrulla griego ocasionando la muerte de dos niñas y un bebé, que fallecieron ahogadas junto a sus padres.

Mientras, en Bruselas los mandatarios políticos siguen debatiendo sobre una crisis que les pilla más lejos cada día, ofreciendo soluciones que solo alargan la guerra. Los aviones de Putin se suman a los de Obama y Hollande provocando la masiva huida de refugiados en busca de no un futuro mejor sino, simplemente, un futuro.

Desde nuestra posición, España ha desarrollado un plan conjunto de acogida a los refugiados sirios que incluye la recepción de casi 18.000 refugiados. En materia de Educación, desde el Ministerio se propuso la creación de un  Grupo de Coordinación Educativa para la Integración del Refugiado,  que incluyera a todas las Universidades y centros educativos.

La unidad sobre papel parece ir bien encaminada, pero la realidad vuelve a mostrarnos la tragedia de los que arriesgaron su vida huyendo de la guerra. Desde Bruselas la solución que dan es mejorar las condiciones a Turquía para que el problema no llegue a nuestras costas, olvidando que esconder una crisis solo hace que esta vuelva más fuerte al cabo del tiempo. Vuelve a ser la ciudadanía de a pie la que se ocupan de ofrecer soluciones para los afectados. Desde las universidades andaluzas y españolas se movilizan personal y estudiantes para mejorar, en la medida de lo posible, las condiciones de los que poco a poco están llegando a  nuestro país.

Acciones como la planteada por la UCO, en el Consejo de Gobierno del pasado mes de septiembre, ofrecen un poco de esperanza sobre la existencia de colectivos  que, al menos, hacen algo para remediar la crisis. En concreto, José Carlos Gómez Villamandos, propuso desde la Universidad cordobesa la creación de un grupo de integración de estudiantes universitarios en la UCO que puedan facilitar el apoyo en la integración y el refuerzo en el idioma de los refugiados. A este grupo añadió un canal de captación de voluntariado, como medio de difusión de los canales de acogida.

Medidas como esta señalan que todavía hay esperanza en los equipos de gobierno universitarios, los cuales muestran su contacto con la realidad, no solo con su comunidad sino con el resto de la sociedad, nacional e internacional.

Y es que la Universidad debe ser un espacio que refleje los intereses e inquietudes de la ciudadanía, dando soluciones a los problemas que les afectan y trabajando por una sociedad mejor.  Mientras los gobiernos europeos no den una respuesta a la crisis las universidades deben abanderar los proyectos de integración y recepción, uniéndose en un mismo sentido y dirección de trabajo, donde muestren su vinculación directa con la realidad social. Proyectos como los de la Universidad de Córdoba, o las charlas que en Málaga se celebrarán en el museo Jorge Rando con el mediador cultural del barco  de rescate de refugiados Dignity, Samir Sayyad, muestran cómo la sociedad vuelve a ir un paso por delante de los gobiernos propulsando iniciativas solidarias.

Bruselas despertará de su letargo cuando ya sea demasiado tarde. Mientras, confiemos en nuestros centros de enseñanza, pues solo a través de la educación parece que el ser humano volverá a retomar la dignidad perdida por sus gobernantes.


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