Una universidad española más diversa, abierta, moderna y cercana al resto de Europa


Queda todavía mucho para alcanzar todos los beneficios del Espacio Europeo de Educación Superior. No existe aún una homologación o reconocimiento automáticos de los títulos, no hay muchas dobles titulaciones europeas, ni un alto grado de movilidad internacional de alumnos, profesores o investigadores. El programa Erasmus es un éxito, pero el número de alumnos extranjeros que estudian todo su grado en España es mínimo.

La posibilidad de que las universidades, de manera voluntaria, ofrezcan grados en tres años es un paso hacia una mayor integración de España en el Espacio Europeo. Esto no quiere decir que todos los grados vayan a ser de tres años ni que vayan a ser los mismos grados en distintas universidades. Serán seguramente dos tipos de titulaciones muy específicas los que se impartirán en tres años.

Las primeras serán aquellas muy especializadas que no exigen un periodo largo de formación universitaria. Probablemente, algunos de los estudios que en su momento pasaron de ser diplomaturas de tres años a grados de cuatro.

Las segundas serán grados muy generalistas, que se completarán o no con especializaciones de postgrado en uno o dos años. Por ejemplo, quizá tenga más sentido cursar un grado generalista en ciencias de la comunicación completado después con postgrados más especializados que comenzar con una especialización desde el primer año de grado.

La experiencia demuestra que muchos de los estudiantes que entran en la universidad no están muy seguros de la elección de las carreras que han elegido. Unos grados menos especializados hacen más fácil acceder a una especialización diferente a la que le atraía a uno al entrar en la universidad.

También esos estudios en tres años harán más fácil que alumnos extranjeros vengan a estudiar grados completos a España. En la actualidad, sólo hay en la universidad española alrededor de 2% de estudiantes extranjeros, cuando lo habitual en países de nuestro entorno es que sea mucho mayor-por ejemplo el 12% en Francia o el 17% en Reino Unido-.

Más alumnos extranjeros quiere decir mayor diversidad cultural, más riqueza intelectual y mejor formación para los estudiantes españoles. La universidad no debe ser un mero espacio donde se aprende una profesión, sino también un lugar donde uno se enriquece como ciudadano de un mundo cambiante.

Esa cualidad de movimiento y cambio de nuestra época también empuja hacia una formación universitaria que debe consistir cada día más en ofrecer a los egresados las herramientas que les permitan hacer frente a la movilidad y el cambio en las mejores condiciones.

Surgen hoy casi a cada instante nuevas profesiones, nuevas especializaciones desconocidas hace unos años o meses. Pensemos por ejemplo en desarrolladores de aplicaciones para dispositivos móviles, data miners, expertos en redes sociales o gestores de la nube informática. Quizá dentro de poco tengamos también agrónomos urbanos,  administradores de monedas virtuales, gestores de chantajes de datos o educadores de clones, por imaginar algunas nuevas profesiones posibles.

Unos estudios que formen estudiantes con competencias y habilidades que les permitan saltar a nuevas funciones y moverse en el entorno laboral o geográfico tendrán más posibilidades de éxito profesional que otros hiperespecializados incapaces de escapar del pequeño recinto profesional en el que se han formado.

Al homologar algunas titulaciones a la duración habitual en el entorno europeo, daremos también igualdad de oportunidades a quienes por inclinación o, desgraciadamente, por necesidad deben salir de nuestro país. Ahora ocurre que nuestros titulados de cuatro años pueden encontrarse con que no cumplen el requisito de contar con un grado y un postgrado cuando solicitan un trabajo en el extranjero, frente a rivales formados en los mismos cuatro años y que ya tienen dos títulos.

El cambio de los cuatro a los tres años en algunas titulaciones no dejará de crear problemas de ajuste y, sobre todo, de financiación en el caso de las universidades públicas, pero serán menores que los del paso de cinco a cuatro años, y será menos complicado si se realiza paulatinamente a partir de este momento, sin aplazarlo varios cursos.

El resultado será una universidad española más diversa, más abierta, más cercana al resto de Europa y más moderna.

Por Eduardo Nolla, rector de la Universidad Camilo José Cela

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