La UPM quiere mejorar el aire que respiramos


La unanimidad sobre la falta de calidad del aire que respiramos en las grandes ciudades es ya una opinión compartida y alertada por expertos, responsables políticos en su área y los propios ciudadanos, cada vez más preocupados por esa nube negra que nos sobrevuela. Según la Organización Mundial de la Salud, la contaminación del aire causó más de 3,7 millones de muertes prematuras en el año 2012, la mayoría de ellas en áreas urbanas, que es donde se concentra tanto la gente como las emisiones atmosféricas. Actualmente, más de la mitad de la población mundial vive en estos entornos, y se prevé que esa proporción aumente hasta el 70% en 2050. Este rápido crecimiento se traducirá en nuevas ciudades con más necesidad de energía, más transporte y una calidad del aire cada vez más comprometida.

Hong Kong ha sido la ciudad elegida para llevar a cabo un estudio clave para predecir con éxito las superaciones máximas diarias del umbral de ozono. Su autora, Bing Gong, es investigadora del grupo Proyectos y Calidad de la UPM. Su responsable, Joaquín Ordieres, explica para Aula Magna las implicaciones de este estudio: “Se ha logrado predecir el nivel de contaminante por anticipado -en este caso el nivel máximo diario de ozono- en determinados sitios mejor de lo que se hacía hasta ahora, buscando primero qué variables son más relevantes (condiciones meteorológicas, etc.), y aprendiendo desde los valores pasados y detectando algunos comportamientos de arrastre desde provincias Chinas limítrofes, que ayudan a mejorar la predicción”.

Y no sólo mejoran la predicción, “entre un 30 % y un 80%” según Gong , sino que además agiliza la capacidad de respuesta a corto plazo, y de ahí su importancia para poder llevar a cabo medidas restrictivas como por ejemplo, las tomadas en Madrid lo últimos meses.

Prevenir para acabar con las restricciones

En 2015, trece de las 24 estaciones de vigilancia de la calidad del aire del Ayuntamiento de la capital excedieron el valor límite anual de dióxido de nitrógeno impuesto por la directiva europea. La principal causa es el tráfico rodado, ya que entre el 60% y el70% de estas emisiones proceden de esta fuente. Y por ello, todas las medidas para disminuir dichos niveles se enfocan a disminuir el uso del coche, con los inconvenientes que ello conlleva para el ciudadano. Una de las críticas más extendidas por los conductores cada vez que el Ayuntamiento pone en marcha un plan de restricción en el tráfico de acceso a la capital es la falta de previsión y lo tardío en la comunicación. “Para medir los niveles de contaminación, Madrid emplea una sola técnica (redes neuronales), mientras que para Hong Kong nosotros hemos utilizado un modelo basado en datos y un conjunto más amplio de técnicas por lo que quizás en un futuro nuestro sistema quizás podría aplicarse a mejorar y acelerar estas mediciones”, confía Ordieres. Imagen del cielo contaminado de Madrid

Además nos recuerda que, más allá de las molestias que ocasionen estas medidas, “legalmente hay unos umbrales dictados por la UE por contaminante y cuando se sobrepasan hay que alertar y/o actuar. Ése es el mecanismo correcto directo y no admite mucha discusión. Es evidente que si reduces la cantidad de contaminante emitido- en este caso los coches- se reflejará en un nivel de emisión global menor, pero en cuanto se vuelvan a dar las condiciones atmosféricas y flujo de vehículos suba se volverá a elevar, por lo tanto en el medio plazo no resulta efectivo. Lo suyo es trabajar más el plano preventivo y mejor aún el predictivo”.

Y es precisamente en esta línea, en la mejora de la predicción, donde cobra especial importancia el éxito del modelo de Bong y el resto del equipo de la UPM, que ya están trabajando en otro estudio. Según nos adelanta Orestes, están trabajando en un sistema “para estimar la cantidad de contaminantes que cada persona ingiere, para no verlo en términos de límite máximo sino en términos de cómo le afecta a la persona de forma individual”. Aplicado al día a día, este equipo de investigación analiza en estos momentos cuánta contaminación puede ingerir un individuo parado, por ejemplo, esperando el autobús en una calle transitada del centro de Madrid y rodeado de vehículos parados ante un semáforo. Una imagen muy común que nos expone día a día a niveles de contaminación que por otro lado generamos nosotros mismos con nuestro modelo de ciudad actual.


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