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25 abril, 2024
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“Yo pediría a los responsables de la Escuela que reforzaran la formación en el componente teórico y científico”

Pablo Andrés es uno de los alumnos más brillantes de la Universidad de Málaga. Estudiante de grado de Informática ha terminado sus estudios con un expediente con 23 matrículas de honor en un plan de estudios que consta oscila entre 36 y 38 asignaturas, en función de si se cursan o no prácticas externas. En estos momentos disfruta de una beca de Iniciación a la Investigación que le ha permitido afrontar el trabajo de fin de grado con más recursos y más disponibilidad. El trabajo que prepara para rematar sus estudios en la UMA aborda las redes neuronales artificiales y está enmarcado en la computación bioinspirada, uno de los campos de desarrollo de la computación no convencional.

Las universidades españolas no cuentan con demasiados equipos de investigación que exploren caminos alternativos a la computación convencional. A partir del próximo mes de septiembre, Pablo tendrá la oportunidad de desarrollar al máximo sus inquietudes investigadoras en la Universidad de York, en la que cursará un máster en computación cuántica, gracias a ser uno de los seleccionados por la Fundación La Caixa para sufragar estudios en el extranjero.

Natural de Córdoba, cuando terminó sus estudios de bachillerato en el instituto tenía claro que quería dedicarse a la investigación en el campo de la Informática. Para seleccionar en qué universidad de Andalucía se matriculaba –los estudios se imparten en Córdoba, en la Escuela Politécnica y en Granada, Sevilla y Málaga en escuela propia- indagó en los planes de estudios y finalmente se decantó por nuestra universidad “porque es la que tiene en su oferta de estudios un perfil más orientado hacia la investigación en computación” y, después de cuatro años de estudio, se muestra “satisfecho con la experiencia; evidentemente no ha sido así con todas las materias, pero en líneas generales estos cuatro años me han dado las bases del conocimiento científico…y eso es lo que buscaba”. “Entiendo –continúa- que el perfil de ingeniero aplicado es mayoritario porque es el más demandado, pero yo pediría a los responsables de la Escuela que reforzaran la formación en el componente teórico y científico”.

Durante todo su período formativo, desde el instituto hasta la actualidad, Pablo Andrés confiesa que ha tenido mucha suerte con los profesores que le han tocado.

“Siempre he tenido la fortuna de contar con profesores muy exigentes pero, al mismo tiempo, muy próximos, siempre dispuestos a animarte. Desde el Instituto hasta la actualidad, creo que han sido capaces de motivarme y me han permitido desarrollar lo que hace poco no eran más que aspiraciones y ahora ya comienza a ser una realidad”.

“Por ejemplo –continúa- al terminar el segundo curso de la carrera en 2014, Francisco Vico –el catedrático de Ciencias de la Computación y en la actualidad director de su proyecto- me invitó a la escuela de verano Truce Summer School sobre computación no convencional que se celebró en la Universidad de Málaga. Allí asistí a una charla de Irene D´Amico, una física de la Universidad de York experta en cuántica”. Fue una experiencia fascinante para él y en estos dos años, además de sacar la carrera y de seguir trabajando en el campo de la computación bioinspirada, ha tenido tiempo para empaparse en los conceptos más importantes de esta disciplina y para decidirse a continuar su preparación científica por el camino cuántico.

Su trabajo de fin de grado se enmarca en las redes neuronales artificiales, dentro de una de las líneas de investigación del Grupo de Estudios en Biomimética (GEB), que lidera el profesor Vico y que se dedica al desarrollo de nuevas estrategias inspiradas en la biología y su potencial aplicación en áreas como la ingeniería, la medicina, o la informática. “Es un trabajo puramente teórico –explica Pablo-; sin aplicación concreta inmediata; pero que si logramos llevarlo a buen término, si logramos reproducir el funcionamiento de una red neuronal mediante circuitos electrónicos, el salto que se podría dar en el desarrollo de la informática y en otros campos de la ciencia aplicada sería espectacular”.

Becas de investigación

En la actualidad, Pablo está terminando su trabajo de fin de grado al tiempo que disfruta de una beca de iniciación a la investigación de la UMA. No es una beca muy larga -6 meses-, ni tiene una dotación económica espectacular –300 euros al mes-, pero Pablo Andrés prefiere destacar los aspectos positivos de la misma:

“No es mucho, pero a fin de cuentas todavía soy un estudiante y, sobre todo, me ha facilitado un tiempo y unas condiciones fantásticas para aprender a ser un científico y a trabajar como un científico”.

“Además, esta experiencia como becario de la UMA, el proyecto de fin de grado y el respaldo que me ha dado el profesor Vico creo que han sido elementos fundamentales para que me hayan concedido la beca de la Fundación La Caixa, una de las más exigentes de las que se convocan en nuestro país y que espero que me sirva para avanzar por el camino de la computación cuántica”.

En septiembre comenzará esa nueva experiencia en la Universidad de York donde cursará un máster sobre esta materia con Samuel L. Braunstein, una autoridad mundial en la criptografía para computación cuántica. En Europa, los centros de referencia en este modelo de computación son Oxford y York. Finalmente, Pablo se decidió por la segunda porque desde su punto de vista plantea estos estudios de una manera “más especializada”.

La computación cuántica es otro camino alternativo a los desarrollos actuales de la Informática. Si la computación bioinspirada trata de aplicar a la informática diseños biológicos, la computación cuántica basa su desarrollo en la aplicación de los principios de la física cuántica. Son dos caminos distintos que tratan de llegar a un mismo destino, optimizar los resultados de los procesos informáticos hasta límites imposibles de alcanzar con la computación tradicional. Es una rama de la ciencia muy novedosa, ya que los primeros planteamientos teóricos se formulan en los años ochenta del siglo XX; la teoría comenzó a plasmarse en aplicaciones prácticas en la década siguiente cuando aparecieron los primeros algoritmos, las primeras aplicaciones y las primeras máquinas capaces de realizar cálculos cuánticos. No obstante la comercialización de equipos desarrollados en base a los principios cuánticos no parece que se pueda producir hasta dentro de 10 o 12 años. Un tiempo que, Pablo Andrés, ve como una posibilidad de contribuir al desarrollo de la ciencia.

Entrevista facilitada por el Gabinete de Comunicación de la UMA.

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