La ideología hasta en la entrepierna


Prevenir, diagnosticar, tratar. Estos principios básicos del tratamiento médico no han cambiado en siglos. Y naturalmente continúan estando plenamente vigentes. También sigue muy vigente un viejo dicho popular: más vale prevenir que curar.

Opino que la aplicación de tan elemental principio a la salud sexual de nuestra población, particularmente a la sexualidad de nuestros jóvenes, debería ser una exigencia para todas aquellas administraciones que deben velar por la salud pública, en general, y de los jóvenes, en particular.

Las Enfermedades de Transmisión Sexual, las llamadas ETS. Según diversos informes del ámbito sanitario, están repuntando con fuerza, sobre todo en los sectores juveniles. Esto se debe, fundamentalmente, a dos razones: la desinformación generalizada en aspectos básicos sobre salud sexual y la desaparición del temor al VIH como consecuencia de los éxitos de los tratamientos antivirales que reducen el riesgo de muerte por SIDA.

En cualquiera de los casos, la prevención debería ser un objetivo irrenunciable. Pero no puede existir prevención sin información. Los jóvenes se exponen, cada vez a más temprana edad, a una pavorosa colección de bacterias y virus que pueden convertir una actividad sexual irresponsable en una verdadera pesadilla. Papilomas, chancros, gonorreas, sífilis,…Infecciones que se reproducen en la promiscuidad y de las que no nos podemos proteger solo con un preservativo. Y que son muy habituales a nuestro alrededor, aunque nadie hable del tema, claro.

Opino, además, que también incide en esta epidemia silenciosa las campañas ideológicas de las distintas administraciones públicas que pretenden obviar los aspectos biomédicos de la salud sexual, para centrarse en los aspectos reproductivos, esto es, la planificación familiar.

La llamada “salud reproductiva”, término acuñado por la OMS, se centra más en este aspecto de las relaciones sexuales, dejando la salud sexual como apéndice secundario.

Esta perspectiva de la salud sexual, claramente ideológica, se preocupa más por los métodos anticonceptivos que por los efectos arrasadores de las infecciones venéreas. Por ello se cambia la información por la propaganda y se condena a los más débiles, los jóvenes menos informados, a situaciones dramáticas, porque no todo se previene con un preservativo.


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