Divulgación sin artificios

Divulgación sin artificios


Por sexto año consecutivo, Córdoba, como el resto de capitales andaluzas, ha clausurado el mes de septiembre con la que es ya la gran fiesta de la ciencia en Andalucía. La celebración de La Noche Europea de los Investigadores movilizó a más de 80000 personas el 28 de septiembre y confirmó que lo que nació como un modesto evento en 2012 es ya una cita imprescindible en la agenda cultural y de ocio de la comunidad autónoma. Sobrarían, pues, motivos para la felicitación, pero no soy de las que caen en la autocomplacencia.

La Noche Europea de los Investigadores nos regala la foto perfecta, la imagen idílica de una ciudadanía que admira a las mujeres y hombres que se dedican a la ciencia. Si me aceptan la metáfora, la Noche es a la promoción de la cultura científica lo que una foto de instagram a la vida de una adolescente, es decir, la mejor versión de una misma. No me malinterpreten. Lo que ocurrió el 28 de septiembre fue absolutamente maravilloso, pero lo que me preocupa es saber si esos “fuegos artificiales” son sólo puro divertimento o tienen la capacidad de cambiar conciencias y llevar el idilio ciencia-sociedad a una relación madura y duradera. Quiero pensar que sí. De lo contrario hace tiempo que hubiera dejado el oficio.

Las grandes citas son el lazo que adorna el regalo. En las Unidades de Cultura Científica dedicamos un esfuerzo considerable para organizar eventos como La Noche, pero existen otros 364 días de trabajo sin descanso para, como dice nuestro lema, compartir conocimiento. No hay fuegos artificiales en las notas de prensa que remitimos cada semana para contarle al mundo lo mucho y bueno que se investiga en nuestra institución. No hay quien luzca en instagram las horas dedicadas a desarrollar planes de comunicación para los proyectos científicos que lideran equipos de la Universidad. Y nadie querría posar ante las base de datos que usamos para medir y evaluar todo lo que hacemos.

Esa profesionalización de la comunicación científica es la base de su institucionalización. El hecho de que Universidades y centros de investigación hayan entendido que la divulgación es una obligación institucional es la que ha liberado al personal investigador de la carga de sentirse abandonados en la tarea de difundir el conocimiento y, sobre todo, el que está liquidando el amateurismo de una labor que exige ser dignificada. Divulgar conocimiento es lo suficientemente necesario como para no dejarlo a la disponibilidad de la comunidad científica, que ya tiene bastante con trabajar en un país cuya inversión en I+D+i que sigue provocando la risa floja Pirineros arriba.

Quienes investigan y divulgan necesitan el apoyo y el respaldo institucional y no sólo el aplauso de la ciudadanía. Para eso se crearon estructuras como las Unidades de Cultura Científica, para que los fuegos artificiales de una noche no empañen el pasar de los días.

Por Elena Lázaro
Coordinadora técnica de la Unidad de Cultura Científica y de la Innovación de la UCO
@CordobaCiencia


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