¿Hablas andaluz? el racismo en la lengua de Bécquer, Lorca o Carmen de Burgos

¿Hablas andaluz? el racismo en la lengua de Bécquer, Lorca o Carmen de Burgos


Malaje, alcancía, embarcarse, saborío… son palabras que pese a su uso no aparecerían escritas en un texto formal. El motivo que las aleja de los escritos no es otro que el ser tachadas de ‘vulgares’. Frente al privilegio, que no prestigio, que tienen otras modalidades lingüísticas, el andaluz, sigue siendo tomada como una variedad inferior. Esta subordinación tiene su origen en el racismo, una depreciación de la cultura andaluza impuesta por el centralismo castellano parlante.

Estas ideas le han valido al profesor de Teoría Lingüística Aplicada al Español de la Universidad de Málaga el XV Premio Tesis Doctoral de la Fundación Centro de Estudios Andaluces. Su investigación, titulada ‘La lógica de inferiorización de las variedades lingüísticas no dominantes. El caso paradigmático del andaluz. Un estudio desde la sociolingüística crítica y la perspectiva decolonial’, ofrece un estudio sobre el uso del andaluz como una lengua ‘inferior’, la cual ha sido desprestigiada como resultado de un proceso racista. El campo de estudio de Rodríguez suma la investigación cuantitativa y cualitativa, por la cual estuvo durante varios meses acompañando a periodistas de origen andaluz en sus entornos laborales donde debían dejar de lado su lengua. La experiencia en su estudio le llevó a constatar el conocido como cambio de registro que tienen los andaluces para ser aceptados en otras comunidades, donde ya no solo desde fuera se impone la lengua castellana, sino que se demuestra como dentro de la propia Andalucía los hablantes aceptan la inferioridad de su habla.

Además del estudio de campo, Rodríguez suma a sus investigaciones su propia experiencia, donde como andaluz en territorios de la meseta sufrió el rechazo por su forma de hablar. “Con tres años mi familia se mudó a Burgos, donde a mis padres le llamaron a la escuela porque hablaba en andaluz, y eso era hablar mal”, señala el investigador, quien recalca cómo esa visión de la lengua andaluza es una constante que viene reproduciéndose en las espacios formativos y en los medios de comunicación.

Origen del racismo

La lengua la transmiten los padres (de ahí lengua materna), pero la jerarquizan en las escuelas. Son los profesores y profesoras las que enseñan la validez de una lengua, habla o registro, marcando desde el inicio la existencia incluso de estos términos y jerarquizando su valor (así un habla estaría por debajo de una lengua).

En este punto, Rodríguez subraya como “no existe ninguna variedad lingüística que sea estándar, pues lo que existe es la estandarización de unas normas para aplicarlas a la lengua”. De este modo al jerarquizar la forma de hablar se construye políticamente nuevas variedades, basadas en un proceso de racismo donde tanto el clasismo como el patriarcado aumentan la distancia entre los hablantes.

En esta línea, tal y como expone el autor, la depreciación del andaluz tiene sus orígenes en la conquista de los territorios de Al-Andalus por los Reyes Católicos, donde para imponer la nueva cultura y tras la masacre de la población se distribuyó la tierra entre colonos castellanos.

Esta colonización ya afecta al idioma, marcándolo como el sometido e inferior. La historia seguiría desarrollando este racismo, que se traduce en el estereotipo de andaluz como vago o cómico, llegando hasta la actualidad a los personajes de las series o el cine, donde andaluz es sinónimo de pobre, inculto o gracioso.

La investigación de Ígor Rodríguez se sirve de los principales referentes en las sociología y lingüística para demostrar la violencia simbólica que la lengua ejerce sobre las poblaciones, siendo esta una forma de dominación y diferenciación, todo ello aceptado por los propios hablantes quienes la acaban legitimando.


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