La apatía que pudre todo esfuerzo de participación estudiantil


La apatía de los jóvenes universitarios, incluso en aquellos temas que puedan afectarles más directamente, no es algo nuevo. Desde hace décadas, ha sido la tónica predominante en los campus españoles, con escasas excepciones que honran y confirman la regla. Quizás en nuestros días, aún contando con las amplias herramientas de las nuevas tecnologías de la comunicación, este hecho puede darse con mayor intensidad. La escasa participación en diferentes procesos electorales a diversos órganos de representación, la insignificancia –a todos los niveles- del movimiento asociativo, la adhesión acrítica al discurso único dominante, la ausencia de ideas propias que puedan aportar una mínima novedad, en definitiva, la anemia de voluntad colectiva, dan buena cuenta de ello.

Algunos podrán oponer a esta afirmación que existen asociaciones universitarias, que existe una inquietud colectiva por lo que pasa en la Universidad y fuera de ella, que los estudiantes se movilizan ‘para defender sus derechos’, como prueban los recientes acontecimientos en las principales universidades públicas madrileñas…Bien al contrario, confirman el criterio de la absoluta orfandad de la corporación de estudiantes frente a una realidad social y política que ahoga toda voluntad de auténtica participación.

Nótese que hablamos de ‘auténtica’ participación. Y aquí debemos diferenciar dos cosas, radicalmente distintas: la ‘acción universitaria’ y la ‘acción en la Universidad’. La primera presupone un bagaje intelectual y de pensamiento que aliente la defensa de los legítimos intereses corporativos del alumnado para servir a la sociedad; la segunda, presupone la grosera utilización de la debilidad intelectual que asume el pensamiento único, para usurpar el espacio de la participación universitaria, en la Universidad, por parte de instancias ideológicas o políticas, cuyos intereses reales están bien alejados de los estudiantes.

Esta ‘acción en la Universidad’ conduce, inevitablemente, a dos actitudes entre los estudiantes: el alejamiento de los cauces de participación, o lo que es peor, sumarse en alguna medida a la manipulación ideológica o política, al servicio de intereses exógenos. Y así vemos como se utiliza el ámbito académico como trampolín partidista –muchas pruebas podríamos exponer con nombres y apellidos hoy presentes en los periódicos-. Y así vemos como se utiliza el ámbito universitario –lástima de centenaria Complutense– para alimentar los más rancios extremismos, para servir de plataforma de agitación ideológica para tensionar las calles.

Y esta triste situación, tantas veces denunciada desde nuestras modestísimas páginas, lejos de alimentar una sana participación de la corporación de estudiantes, legítima, plena, real e independiente, fomenta en la mayoría el desinterés, la apatía, la anemia de voluntad, el hastío frente a todo compromiso social o político que pueda ser legítimo. Alerta, pues, estimados compañeros: porque los ámbitos donde no acampe la participación, serán ocupados por los que alimentan la manipulación. ¿Acaso la manipulación no es lo más contrario al sentido crítico que debe imperar en nuestra Universidad?


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